Los PFAS siguen siendo un problema técnico de primer orden. Son sustancias perfluoradas y polifluoradas muy persistentes, presentes en espumas contraincendios, recubrimientos, envases y numerosos procesos industriales. El enlace carbono-flúor, de unos 530 kJ/mol, las hace muy resistentes a la degradación. Por ese motivo, los procesos de oxidación avanzada convencionales apenas consiguen destruirlas. Además, suelen aparecer a concentraciones muy bajas, del orden de microgramos o nanogramos por litro.

Un estudio reciente evalúa las microburbujas como alternativa de separación. El trabajo se publica en Journal of Hazardous Materials, en el volumen de noviembre de 2026. Sus autores analizan el fraccionamiento por espuma con microburbujas en agua de origen para consumo y en aguas de semiconductores. También estudian cómo influyen la composición del agua y la adición de coagulantes. Por último, evalúan la reducción UV/sulfito como paso posterior para destruir los PFAS concentrados.

Cómo funciona el fraccionamiento por espuma con microburbujas

Los PFAS se comportan como tensioactivos en el agua. Su molécula tiene una parte fluorada hidrófoba y otra parte polar con afinidad por el agua. Por eso tienden a acumularse en la interfase entre el gas y el líquido. El fraccionamiento por espuma aprovecha esta propiedad inyectando aire en forma de burbujas finas. Las burbujas ascienden, arrastran los PFAS y forman una espuma que se retira por la parte superior.

La espuma recogida concentra los contaminantes en poco volumen. Ese concentrado, llamado espumado, puede tratarse después con tecnologías destructivas de mayor coste. Así se reduce mucho el caudal que necesita un tratamiento intensivo en energía. A diferencia del carbón activo o del intercambio iónico, no exige reponer ni regenerar medios saturados. Según los autores, las nanoburbujas se descartaron porque, en su reactor, no generaban espuma suficiente para recogerla.

El espumado concentra los PFAS en muy poco volumen

Resultados en agua de origen y en aguas de semiconductores

En agua natural, la eliminación superó el 90 %. Los ensayos utilizaron una fuente de agua de consumo con concentraciones individuales de PFAS entre 2 y 19 µg/L. En 20 minutos, el proceso eliminó entre el 91 % y el 98 % de PFOA, PFOS y PFHxS. El PFBS, de cadena más corta, alcanzó una eliminación aproximada del 91 %. Este dato es relevante, porque los PFAS de cadena corta suelen ser los más difíciles de separar.

Las aguas de semiconductores dieron resultados igualmente altos. En agua residual real con 0,1 a 0,6 µg/L de PFAS, la eliminación llegó al 94-99 % para PFOA, PFOS y PFHxS. Para el PFBS, el rendimiento rondó el 90 %, pese a la baja concentración inicial. En aguas simuladas de este proceso, añadir 2000 mg/L de cloruro amónico mejoró la eliminación. Los autores lo relacionan con el aumento de la fuerza iónica del agua.

Hasta un 99 % de eliminación en aguas de semiconductores

El papel decisivo de la matriz del agua y los coagulantes

El rendimiento depende mucho de la composición del agua. En una segunda fuente de agua, con 0,4 a 1,2 µg/L de PFAS, la eliminación fue menor. Sin embargo, el agua de semiconductores obtuvo mejores resultados con concentraciones todavía más bajas. Esto indica que la concentración inicial no explica por sí sola el comportamiento del proceso. La materia orgánica natural, la fuerza iónica y la tensión superficial influyen en el paso de los PFAS a la interfase.

Los coagulantes mejoraron la separación en el agua difícil. El estudio probó cloruro férrico y policloruro de aluminio como apoyo al fraccionamiento por espuma. En la segunda fuente de agua, la adición de coagulante mejoró la eliminación de PFAS. El resumen publicado no detalla el porcentaje logrado con cada coagulante. Para el diseño de una instalación, esto obliga a caracterizar bien el agua antes de elegir la configuración.

Caracterizar el agua es imprescindible antes de diseñar 

Limitaciones y posibles aplicaciones en tratamiento de aguas

El fraccionamiento por espuma no destruye los PFAS. Solo los separa y los concentra, de modo que el espumado necesita un tratamiento posterior. Los autores ensayaron por separado la reducción UV/sulfito con un concentrado modelo de 20 mg/L de PFAS totales. El compuesto original desapareció en unos 30 minutos para PFOA, 110 minutos para PFOS y 7 horas para PFHxS. En cambio, el PFBS solo se redujo cerca de un 63 % tras 8 horas.

Los ensayos se han realizado a escala de laboratorio. Los autores compararon fraccionadores de distintos tamaños para estimar el escalado y el coste eléctrico. Además, la combinación con UV/sulfito todavía no se ha probado con espumado real. Que desaparezca el compuesto original tampoco garantiza su mineralización completa ni descarta subproductos fluorados. Aun así, la técnica apunta como pretratamiento para efluentes electrónicos, potabilizadoras y otras industrias con PFAS.

Todavía es una tecnología de escala de laboratorio

Conclusión

La técnica merece seguimiento por parte del sector. El fraccionamiento por espuma con microburbujas combina una operación sencilla, poco uso de reactivos y una gran reducción de volumen. Los resultados en aguas de semiconductores son especialmente interesantes por las bajas concentraciones tratadas. Sin embargo, el estudio deja claro que cada matriz de agua exige ensayos específicos. No es una solución universal, sino una etapa de concentración dentro de un tren de tratamiento.

La normativa europea aumenta el interés por estas soluciones. La Directiva (UE) 2020/2184, incorporada en España mediante el Real Decreto 3/2023, fija 0,10 µg/L para la suma de 20 PFAS. Ese valor es exigible en el agua de consumo desde enero de 2026. En este contexto, los gestores necesitan tecnologías capaces de trabajar con concentraciones muy bajas. Los próximos ensayos piloto mostrarán si el fraccionamiento por espuma puede cumplir ese papel a escala real.

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