Los contaminantes emergentes desbordan la vigilancia convencional. Fármacos, antibióticos, PFAS y microplásticos alcanzan el medio marino desde múltiples presiones urbanas e industriales. Muchos aparecen en concentraciones bajas, pero forman mezclas variables cuyo efecto conjunto resulta difícil de interpretar. La analítica dirigida identifica sustancias conocidas, aunque puede dejar fuera compuestos inesperados, productos de transformación y respuestas biológicas acumuladas. Este vacío complica la evaluación del riesgo y la selección de medidas eficaces desde las plantas de tratamiento.
ONE-BLUE busca cerrar esa brecha de conocimiento. El proyecto europeo, coordinado por tres centros del CSIC, estudia contaminantes de preocupación emergente en Atlántico, Ártico y Mediterráneo. Horizon Europe financia la iniciativa, iniciada en enero de 2024 y prevista hasta el 30 de junio de 2027. La novedad comunicada en julio de 2026 se centra en la campaña atlántica final, iniciada el 24 de febrero desde Vigo. Su objetivo es relacionar presencia, destino, comportamiento y efectos ecológicos bajo presiones asociadas al cambio climático.
Qué contaminantes estudia la campaña del Atlántico
La campaña atlántica estudia contaminantes de orígenes diversos. El programa incluye residuos farmacéuticos, antibióticos, PFAS, microplásticos, nanoplásticos y otros compuestos industriales o domésticos. Estas familias presentan propiedades distintas de persistencia, movilidad, bioacumulación y toxicidad, por lo que no admiten una lectura única. El problema técnico consiste en identificar qué sustancias aparecen, dónde se concentran y cómo cambian entre compartimentos marinos. También debe distinguirse la contaminación histórica de los aportes recientes procedentes de cuencas, ciudades, puertos o actividades industriales.
El muestreo convierte el océano en un sistema comparable. ONE-BLUE combina campañas en tres regiones marinas para observar diferencias geográficas, climáticas y oceanográficas. El plan armonizado busca que los laboratorios trabajen con métodos y requisitos de calidad comparables. Las muestras se distribuyen para análisis químicos, microbiológicos, toxicológicos y fisicoquímicos, según describen los entregables publicados por CORDIS. Esta integración permite relacionar concentraciones con efectos, evitando interpretar cada dato como una cifra aislada.
Tecnologías para detectar concentraciones y efectos biológicos
La tecnología combina química analítica y respuesta biológica. La espectrometría de masas de alta resolución permite buscar compuestos conocidos y señales no incluidas inicialmente en listas cerradas. El análisis dirigido por efectos ayuda después a localizar fracciones responsables de una respuesta tóxica observada. ONE-BLUE añade metodologías ecotoxicológicas escalonadas y experimentos controlados en mesocosmos marinos. Estos ensayos exploran cómo distintos factores climáticos pueden modificar la exposición, biodisponibilidad y respuesta de organismos marinos.
Los sensores propuestos todavía están en desarrollo. El proyecto trabaja en detección autónoma remota de antibióticos y evaluación casi inmediata de contaminantes marinos. También desarrolla concentración ultrasónica de microplásticos y dispositivos lab-on-chip para partículas entre uno y cincuenta micrómetros. Un sistema de apoyo a decisiones incorporará aprendizaje automático para evaluar y anticipar efectos combinados. Estas herramientas deben validarse con matrices reales, interferencias ambientales y protocolos reproducibles antes de su uso operativo.
Resultados comunicados y límites pendientes
La campaña amplía la base científica del proyecto. El muestreo atlántico se integra en el programa comparativo de ONE-BLUE y completa la recogida de información en distintas regiones marinas. CORDIS reúne protocolos armonizados, resúmenes de campaña, una base de datos inicial y varias publicaciones científicas asociadas. Como el proyecto seguirá activo hasta 2027, el análisis conjunto de muestras y efectos todavía se encuentra en desarrollo. Los próximos resultados permitirán identificar patrones de contaminación y valorar con mayor precisión los riesgos para los ecosistemas marinos.
La interpretación exigirá controles técnicos rigurosos. Las concentraciones ultrabajas pueden verse alteradas por contaminación cruzada, pérdidas durante la preparación o interferencias propias de cada matriz. Además, las mezclas reales pueden provocar efectos distintos a los observados en ensayos con sustancias aisladas. Los resultados también dependerán de factores temporales, corrientes marinas, temperatura y condiciones meteorológicas durante cada campaña. Por ello, será necesario comparar campañas, validar métodos y combinar datos químicos, ecotoxicológicos y ambientales antes de extraer conclusiones generales.
Validar los métodos será clave antes de extraer conclusiones
Aplicaciones potenciales en EDAR, industria y reutilización
El valor para las EDAR comienza en el diagnóstico. Los datos pueden ayudar a priorizar compuestos asociados con efluentes urbanos y evaluar si la vigilancia actual resulta suficiente. Una señal persistente podría justificar ensayos específicos de adsorción, oxidación avanzada, membranas o tratamientos combinados. Sin embargo, ONE-BLUE no comunica todavía rendimientos de eliminación aplicables al diseño de una planta. Cualquier decisión deberá apoyarse en caracterización local, balances de masa, costes, subproductos y requisitos regulatorios.
La industria y la reutilización también necesitan trazabilidad. Para vertidos industriales, los perfiles obtenidos pueden orientar control en origen y seguimiento de sustancias prioritarias. En reutilización, la información puede reforzar planes de vigilancia cuando existan aportes farmacéuticos, PFAS, microplásticos o antibióticos. El proyecto también puede mejorar protocolos de alerta temprana y comparabilidad entre laboratorios. Su utilidad práctica dependerá de convertir resultados marinos en criterios medibles para cuencas, efluentes y agua regenerada.
El diagnóstico debe preceder cualquier decisión de tratamiento
Conclusión
ONE-BLUE refuerza una transición necesaria en el sector. La vigilancia futura deberá combinar concentración química, efectos biológicos, contexto climático y calidad del dato. Su campaña atlántica amplía la base comparativa, pero aún no ofrece respuestas definitivas para diseño o explotación. Hasta 2027, el reto será validar tecnologías, publicar resultados completos y traducirlos en protocolos aplicables. Para ingenieros y gestores, la principal lección es clara: medir mejor permite tratar con mayor criterio.
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