Los fármacos son contaminantes persistentes difíciles de eliminar. Llegan al agua por vertidos, excreción y residuos de la industria farmacéutica. Están diseñados para ser estables, así que resisten la degradación natural. Incluso en concentraciones bajas afectan a los ecosistemas acuáticos. Los antibióticos, además, favorecen la selección de bacterias resistentes.
Un estudio brasileño propone una vía distinta. Lo firma el equipo del profesor Ernesto Pereira, en la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar). El trabajo se publicó en Chemical Engineering Journal a finales de 2025. Usa las chispas del proceso de oxidación electrolítica por plasma (PEO). Según los autores, degrada los fármacos por completo, sin dejar subproductos tóxicos.
Por qué los fármacos resisten los tratamientos convencionales
Los fármacos son moléculas complejas y estables. Esa estabilidad es útil en medicina, pero complica su eliminación en el agua. En el medio natural, su degradación es lenta e incompleta. Muchas plantas no están diseñadas para retener estos contaminantes emergentes. Por eso llegan a ríos, acuíferos e incluso al agua de consumo.
Los métodos habituales no completan la mineralización. La oxidación avanzada, la fotocatálisis, la adsorción y el tratamiento biológico tienen límites. En muchos casos, la reacción se detiene en productos intermedios. Esos intermedios pueden ser tan tóxicos como la molécula original, o más. El estudio señala esta laguna como el principal problema técnico a resolver.
Qué es la oxidación electrolítica por plasma (PEO)
La PEO nace como técnica de recubrimiento de metales. Se sumerge una pieza metálica en un líquido y se aplica un voltaje elevado. Sobre el metal crece una capa de óxido resistente. Se usa en aluminio, magnesio y titanio para aeronáutica, automoción y electrónica. El objetivo habitual es mejorar la resistencia a la corrosión y al calor.
La clave del estudio son las chispas. Durante el proceso aparecen microdescargas eléctricas sobre la superficie del ánodo. Duran microsegundos, pero alcanzan temperaturas altísimas, por lo que se apodan «segundo sol». El equipo usó láminas de aluminio y un voltaje que oscila entre 50 y 150 voltios. El plasma degrada los contaminantes sin añadir ningún oxidante externo.
Qué puede aportar a EDAR, industria y reutilización
El interés para el sector es claro. Los contaminantes emergentes son un reto pendiente en las EDAR actuales. Un proceso que mineraliza por completo evitaría trasladar el problema aguas abajo. Sería útil en tratamiento terciario, efluentes industriales y reutilización de agua. Los autores citan también resultados prometedores con bacterias y derivados del petróleo.
Conviene interpretar los datos con prudencia. El trabajo se ha realizado a escala de laboratorio, con láminas de aluminio. El salto a caudales reales de planta aún está por demostrar. Habrá que evaluar el consumo del ánodo, la escalabilidad y los costes. El grupo ya ha solicitado la patente para avanzar hacia su aplicación.
El estudio es todavía de escala de laboratorio
Conclusión
La PEO abre una vía técnica interesante. Su valor está en la mineralización completa, sin subproductos tóxicos. Resuelve un límite real de los tratamientos actuales frente a los fármacos. Aún debe validarse fuera del laboratorio, a caudales y costes de planta. Conviene seguir su desarrollo como opción de futuro para contaminantes emergentes.
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