Las depuradoras no retienen todo el ibuprofeno. Este antiinflamatorio es el más consumido del mundo y resiste los tratamientos convencionales de las EDAR. Parte del fármaco permanece en el agua depurada y en los fangos de la línea de tratamiento. Cuando esos recursos se reutilizan en la agricultura, el ibuprofeno acaba en el suelo de cultivo. Allí puede persistir, alterar la microbiota y llegar incluso a las plantas.

Un estudio español propone una solución biológica. Investigadores del IRNAS-CSIC y la Universidad de Sevilla han probado la bioaumentación en tres suelos agrícolas. El trabajo se publicó en 2026 en la revista científica Journal of Hazardous Materials. La técnica introduce un consorcio bacteriano capaz de degradar el ibuprofeno con rapidez. Los resultados abren una vía de interés directo para el sector del tratamiento de aguas.

El ibuprofeno que las EDAR no consiguen eliminar

Las EDAR eliminan mal los contaminantes emergentes. Los tratamientos convencionales se diseñaron para materia orgánica y nutrientes, no para fármacos. El ibuprofeno es el antiinflamatorio no esteroideo más utilizado a escala mundial. Su producción rondó las 45.000 toneladas en 2022, según los datos recogidos en el estudio. Buena parte llega a las plantas depuradoras a través de la orina y las aguas residuales.

El fármaco viaja del agua depurada al suelo. El agua regenerada para riego y los fangos usados como fertilizante son las principales vías. En suelos españoles se han detectado concentraciones en torno a 15 microgramos por kilo. Otros estudios citados registran 5 microgramos en Polonia y hasta 610 en Pakistán. Estas cifras confirman que el suelo agrícola actúa como destino final del residuo.

El fármaco viaja del agua depurada al suelo 

Un consorcio bacteriano aislado de fangos de depuradora

El consorcio C7 procede del fango activo. Los autores lo aislaron de los fangos de una depuradora de Sevilla. Está dominado por bacterias del filo Proteobacteria, buenas degradadoras de compuestos orgánicos. Reúne once géneros, entre ellos Pseudomonas, Achromobacter, Labrys, Sphingomonas y Stenotrophomonas. También incluye Bordetella, Ralstonia, Pseudoxanthomonas, Pandoraea, Pigmentiphaga y Shinella.

Su obtención exige un cultivo de enriquecimiento. Partieron del fango en medio mineral con ibuprofeno como única fuente de carbono. Usaron una concentración de 200 miligramos por litro durante siete pases semanales. La incubación se mantuvo a 30 grados en agitación orbital continua. Así solo sobreviven los microorganismos capaces de metabolizar el fármaco.

Siete semanas de cultivo con ibuprofeno como único alimento 

El consorcio ya había demostrado su eficacia. En disolución degradó 500 miligramos por litro de ibuprofeno en 28 horas. En ese mismo ensayo mineralizó el 66 % del fármaco en tres días. Sobre fango eliminó hasta el 90 % de 10 miligramos por kilo en dieciséis días. Estos datos respaldaban su uso posterior en los suelos contaminados.

La bioaumentación introduce esa capacidad en el suelo. Los suelos tienen bacterias propias, pero no siempre degradan con rapidez suficiente. En los ensayos inocularon 10⁸ unidades formadoras de colonia por gramo de suelo. Los suelos se contaminaron con 20 miligramos de ibuprofeno por kilo. Conviene recordar que estos ensayos se realizaron a escala de laboratorio.

Un inóculo de 10⁸ bacterias por gramo de suelo 

Resultados: de doce días a menos de uno

La actividad microbiana explica casi toda la degradación. En los controles sin microorganismos el ibuprofeno apenas se degradó tras 45 días. Con la microbiota nativa, la vida media fue de 3,3 días en dos suelos. En el tercer suelo, más pobre en materia orgánica, subió a 12,2 días. Ese suelo retenía el fármaco con fuerza y limitaba su disponibilidad biológica.

El consorcio redujo la vida media a horas. Con la bioaumentación, el DT50 bajó a entre 0,3 y 0,6 días en todos los suelos. La velocidad de degradación se multiplicó por factores de entre 5,5 y 30,7. La eliminación prácticamente completa se alcanzó en torno a tres días. El método funcionó incluso en el suelo que más retenía el fármaco.

El consorcio redujo la vida media a horas 

Efectos sobre la microbiota y límites del estudio

El ibuprofeno reduce la diversidad microbiana del suelo. Los autores analizaron las comunidades mediante secuenciación de ADN antes y después. La riqueza de bacterias y hongos descendió durante la contaminación. Tras eliminarse el fármaco, la diversidad se recuperó de forma parcial. Géneros como Pseudomonas, Labrys y Sphingomonas aumentaron durante el proceso.

Los resultados todavía deben validarse en campo. El estudio se realizó en condiciones controladas de laboratorio, no en parcelas reales. Muchos microorganismos del suelo no se cultivan con las técnicas actuales. Además, los genes exactos que degradan el ibuprofeno aún no están descritos. Aun así, la vía es prometedora para las EDAR y la reutilización de agua.

Los resultados todavía deben validarse en campo 

Conclusión

La bioaumentación abre una vía complementaria de tratamiento. Para el sector del agua, el estudio confirma un problema conocido: los fármacos escapan de las EDAR. Gestionar los fangos y el agua regenerada con este criterio gana importancia técnica. Los consorcios degradadores podrían integrarse en estrategias de biorremediación de suelos. El siguiente paso será demostrar su eficacia y seguridad a escala real.

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