Los microplásticos ya son un reto operativo. En una EDAR, estas partículas no se comportan como sólidos sedimentables convencionales. Su baja densidad, variabilidad morfológica y comportamiento coloidal dificultan su retención estable. Su movilidad depende de propiedades fisicoquímicas, condiciones hidráulicas y composición del agua residual. Esa complejidad explica la necesidad de tecnologías específicas de captura y degradación. 

BMRex plantea una vía más ambiciosa. El proyecto no se limita a separar microplásticos del efluente tratado. Su objetivo es capturarlos y degradarlos dentro de un reactor de membrana biocatalítico. La iniciativa está liderada por INMA, centro mixto del CSIC y la Universidad de Zaragoza. La propuesta se dirige a efluentes domésticos e industriales con presencia de microplásticos y nanoplásticos.

Microplásticos en EDAR: un problema de separación, medición y control

La separación física no siempre basta. En tratamientos convencionales, la eliminación depende de sedimentación, flotación, filtración o retención en fangos. Los microplásticos pueden escapar cuando presentan tamaño reducido, forma irregular o superficie modificada. También pueden fragmentarse durante su recorrido por la red y la propia planta. Por eso, su control requiere entender tanto la hidráulica como la interacción partícula-matriz.

La escala condiciona toda la estrategia. BMRex describe microplásticos como fragmentos inferiores a 1 mm. También considera nanoplásticos por debajo de 0,1 µm, según su comunicación del proyecto. Esa reducción de tamaño cambia la movilidad, la reactividad superficial y la dificultad analítica. En la práctica, cuanto menor es la partícula, más exigente resulta su caracterización.

A menor tamaño, mayor complejidad analítica

La medición sigue siendo crítica. INMA señala que el consorcio encontró limitaciones en protocolos existentes de caracterización. Esto afecta al muestreo, al pretratamiento y a la cuantificación final. Una metodología débil puede sobrestimar o subestimar la contaminación real del efluente. Para ingeniería de proceso, medir mal significa diseñar, comparar y validar peor.

Qué propone BMRex y cómo funciona el concepto tecnológico

El núcleo es un reactor biocatalítico. BMRex desarrolla una plataforma de flujo cruzado capaz de capturar y degradar contaminantes suspendidos. El flujo cruzado reduce la acumulación frontal respecto a una filtración directa convencional. Esto no elimina la acumulación de sólidos o biofilm sobre la membrana, pero puede mejorar la estabilidad hidráulica del sistema. El interés técnico aparece cuando la retención se combina con degradación enzimática.

La arquitectura combina soportes inorgánicos porosos con fases biocatalíticas inmovilizadas. Estos soportes se modifican superficialmente para mejorar la afinidad por el plástico. También se busca aumentar su resistencia frente a la bioincrustación. La inmovilización de enzimas permite crear zonas activas dentro del reactor. Así, la membrana actúa como barrera física y como microentorno reactivo. 

Retención y degradación actúan en el mismo reactor

Los materiales cerámicos forman parte del diseño. En este contexto, la cerámica debe entenderse como soporte inorgánico poroso, no como material estructural convencional. Su interés reside en aportar estabilidad química, resistencia mecánica y tolerancia frente a condiciones exigentes de operación. Estas propiedades son relevantes cuando el reactor trabaja con aguas residuales y procesos de limpieza periódica. Además, reducen la necesidad de incorporar componentes poliméricos en una tecnología destinada a tratar plásticos.

La validación operativa seguirá siendo decisiva. La resistencia del material no garantiza por sí sola un funcionamiento estable en EDAR. La matriz real puede provocar colmatación, formación de biofilm y pérdida de permeabilidad. También habrá que evaluar limpieza, recuperación de flujo y vida útil del soporte activo. Por eso, el paso desde laboratorio hacia condiciones reales será clave para valorar su aplicabilidad.

La EDAR real definirá la aplicabilidad

Enzimas, biofouling y degradación: los puntos técnicos clave

La biocatálisis introduce una exigencia adicional. No basta con que la membrana retenga partículas plásticas. El sistema debe mantener actividad enzimática suficiente dentro de una matriz compleja. Las aguas residuales contienen sales, materia orgánica, tensioactivos, microorganismos y sólidos finos. Todos estos componentes pueden interferir en la reacción o acelerar el biofouling.

CORDIS destaca varios objetivos de diseño. El consorcio trabaja con enzimas degradadoras, materiales híbridos, cerámica, biocatálisis y líquidos iónicos. La plataforma busca maximizar actividad biocatalítica y resistencia a la bioincrustación. También contempla especies enzimáticas intercambiables para controlar procesos catalíticos secuenciales. Este enfoque permite adaptar la fase activa al tipo de polímero o contaminante.

Biocatálisis adaptable para distintos polímeros

La degradación debe evaluarse con prudencia. Transformar un polímero no equivale automáticamente a eliminar el riesgo ambiental. INMA subraya que se estudian los compuestos generados tras la degradación. El objetivo es evitar subproductos persistentes, tóxicos o perjudiciales para los ecosistemas. Este punto es esencial antes de plantear aplicaciones en reutilización o vertido.

Posibles aplicaciones en EDAR, industria y reutilización

Las EDAR serían el escenario natural. Una tecnología así podría estudiarse como etapa avanzada tras tratamientos secundarios o terciarios. También podría integrarse en líneas específicas con alta exigencia de calidad de efluente. Su interés dependerá de la carga de microplásticos, la matriz y el objetivo regulatorio. Sin datos de operación continua, cualquier integración debe considerarse todavía hipotética.

La industria ofrece casos más controlables. Algunos efluentes industriales presentan aportes plásticos más definidos que las aguas urbanas mixtas. Eso podría facilitar ensayos con matrices menos variables y objetivos analíticos más concretos. Sectores con polímeros, textiles, lavado industrial o reciclaje podrían resultar especialmente relevantes. Aun así, cada aplicación exigiría caracterizar polímeros, aditivos y condiciones de operación.

Efluentes industriales permiten ensayos más controlados

La reutilización exige garantías adicionales. En agua regenerada, la confianza depende de barreras verificables y control analítico consistente. Una etapa capaz de retener y degradar microplásticos podría reforzar esquemas de reutilización exigentes. Sin embargo, también habría que demostrar la ausencia de subproductos problemáticos. La tecnología deberá superar criterios hidráulicos, toxicológicos, energéticos y de mantenimiento.

Conclusión

BMRex merece seguimiento, no sobredimensionamiento. El proyecto aborda una necesidad real del tratamiento avanzado de aguas. Su aportación técnica reside en unir separación, materiales funcionales y biocatálisis en un mismo concepto. Los datos públicos muestran avances relevantes en laboratorio, materiales, enzimas y modelización. La validación en condiciones reales será decisiva antes de hablar de aplicación industrial.

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