Murcia ensaya una desalación basada en bacterias. El Instituto IMDEA Agua participa en la validación piloto de un sistema de desalación microbiana en la EDAR de Mazarrón. La instalación trata efluentes salinos de la propia depuradora para obtener agua apta para riego agrícola. El proyecto se desarrolla sobre infraestructura de Esamur, la entidad de saneamiento de la Región de Murcia. Las pruebas de validación estaban previstas hasta junio de 2026.
El interés técnico está en el consumo energético. La desalación convencional por ósmosis inversa exige presiones elevadas y un aporte eléctrico considerable. Las celdas de desalación microbiana proponen otro camino: aprovechar la oxidación de materia orgánica por bacterias. Ese proceso genera una corriente eléctrica que desplaza iones y reduce la salinidad del agua tratada. Conviene recordar que la tecnología sigue en fase de validación y no en explotación industrial.
Qué problema resuelve la desalación de efluentes urbanos depurados
La salinidad limita la reutilización agrícola del agua. Los efluentes urbanos depurados conservan sales disueltas que no se eliminan en los tratamientos biológicos convencionales. En zonas costeras y con intrusión salina, esa conductividad puede superar los límites tolerables por muchos cultivos. El resultado habitual es un agua depurada correcta en materia orgánica, pero inadecuada para riego. Mazarrón, en el litoral murciano, reúne exactamente ese perfil de problema.
Desalar con métodos clásicos encarece mucho la operación. La ósmosis inversa resuelve el problema técnico, pero añade coste energético, salmuera y mantenimiento de membranas. Para una EDAR municipal media, ese gasto puede desequilibrar el balance económico de la reutilización. De ahí el interés por procesos de baja demanda energética aplicables al final de línea. El piloto de Mazarrón busca precisamente demostrar esa viabilidad en condiciones reales.
Cómo funciona una celda de desalación microbiana
El sistema combina biología y electroquímica en una celda. Una celda de desalación microbiana se organiza en tres compartimentos separados por membranas de intercambio iónico. En el ánodo, bacterias electroactivas oxidan la materia orgánica del agua residual y liberan electrones. Esos electrones circulan hacia el cátodo y crean una diferencia de potencial entre ambos extremos. El campo eléctrico generado arrastra los iones del compartimento central hacia los laterales.
El agua central pierde sales sin bombeo a presión. Los aniones migran hacia el ánodo y los cationes hacia el cátodo, atravesando las membranas selectivas. El compartimento intermedio queda así con menor conductividad, sin necesidad de presión hidráulica elevada. El trabajo de Ramírez-Moreno, Esteve-Núñez y Ortiz en Electrochimica Acta (2021) analiza el comportamiento electroquímico de este proceso con aguas salobres. Otros estudios en Frontiers in Energy Research y Processes comparan variantes de cátodo y configuraciones asistidas por algas.
Aplicaciones posibles en EDAR, industria y reutilización agrícola
El encaje natural es el afino final de efluentes. La tecnología no sustituye al tratamiento biológico, sino que actúa sobre el agua ya depurada. Su interés aparece cuando la conductividad, y no la materia orgánica, bloquea el uso agrícola. Ese escenario es frecuente en el sureste peninsular y en buena parte del litoral mediterráneo. También podría interesar a industrias con vertidos salinos moderados y demanda de agua propia.
Su adopción dependerá de caudales, costes y normativa. El Reglamento (UE) 2020/741 fija las exigencias de calidad para la reutilización del agua en riego. Cualquier tecnología de afino debe integrarse en ese marco y en el plan de gestión de riesgos. A escala real, el reto es tratar caudales altos con superficies de membrana razonables. Hasta resolver ese punto, el papel más probable es complementario, no sustitutivo.
El caudal es el verdadero límite del escalado industrial
Conclusión
Mazarrón aporta un caso real que merece seguimiento. La desalación microbiana ofrece una vía de bajo consumo para recuperar efluentes salinos. Su base científica está publicada, pero su rendimiento industrial sigue sin demostrarse. Los datos de la validación, aún sin difundir, serán la referencia útil para el sector. Hasta entonces, la prudencia técnica recomienda tratarla como una tecnología emergente y prometedora.
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